Otra vez...
...muy tarde por la noche. Bajas por una taza de café que irremediablemente no te dejará dormir antes de las tres de la mañana. Una vez más te preguntas por qué sigues haciendo esto aunque sabes las consecuencias de tus acciones. El sentido común una vez más nos falló...
Estás seguro que el líquido no está caliente, ya que lo pusiste hace una hora y alguien oportunamente apagó la cafetera, por lo que sería imposible que siguiera a una alta temperatura. Pero como siempre, las cosas no salieron como esperabas; el café te quema y te lamentas por no haber puesto más atención. Pero esto solo es un hecho que hará culminar tu día de manera fatídica, ya que nada puede pasar cuando estas frente a un monitor, o al menos eso piensas hasta que se va la luz (que no fue en este caso).
¿Cómo puedes estar tranquilo cuando todos atúan en su vida de manera tan cotidiana, al tiempo que tu interpretas todo como surreal? La gente en el indomable transporte público se transforma día con día, a medida que pasa el tiempo las caras cambian, pero tu eres el mismo o al menos pretendes o crees serlo. La mañana pasó como siempre, a pesar de no haber llegado a tu primera clase, lo cual no importa, porque piensas que al maestro le importa poco que asistas siempre y cuando entregues los trabajos puntual o impuntualmente, qué más da, al fin y al cabo es un filósofo.
Rara la sensación que llega día con día, la no pertenencía en el mundo, síno solo como ente difuminada dentro de toda la gente que va día a día pasando sin notar absolutamente nada del mundo....
...el hastío llego y piensas en no escribir más.
mai 24, 2006
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