Tengo un ligero problema con la certidumbre y por supuesto también con su opuesto, la incertidumbre.
Ultimamente he pensado y me ha dado miles de vueltas en la cabeza la idea de que lo único que hacemos nosotros, los seres humanos, es buscar certezas en el mundo. A pesar de que podamos decir o pensar lo contrario, nunca tenemos una meta final o un objetivo en concreto en nuestro paso por el mundo (no pensemos en problemas del existencialismo, recuérdenlo, no sólo lo usemos como palabra para denominar simples problemas mundandos, sino como una corriente filosófica [Sartre, Camus, Nieztche tal vez] que después de ver los horrores de las guerras mundiales y de ver "la muerte de dios" se preguntan qué podemos hacer nosotros hombres en el vasto mundo), sino una serie de certezas que nos permiten actuar en nuestra vida cotidiana. Certezas que se van construyendo día a día, gracias a valores, instituciones, a la misma interacción con las demás personas.
El problema se acentúa aún más cuando nos encontramos en lo que algunos han llamado encaprichadamente la posmodernidad, una época en la que todo se disuelve: las instituciones, los valores, la familia, la religión. La multiculturalidad y el relativismo dan paso a que cualquier cosa sea válida, a que todos tengamos razón mientras le demos sentido subjetivo: ¿Entonces, qué es válido ahora?
Ultimamente he pensado y me ha dado miles de vueltas en la cabeza la idea de que lo único que hacemos nosotros, los seres humanos, es buscar certezas en el mundo. A pesar de que podamos decir o pensar lo contrario, nunca tenemos una meta final o un objetivo en concreto en nuestro paso por el mundo (no pensemos en problemas del existencialismo, recuérdenlo, no sólo lo usemos como palabra para denominar simples problemas mundandos, sino como una corriente filosófica [Sartre, Camus, Nieztche tal vez] que después de ver los horrores de las guerras mundiales y de ver "la muerte de dios" se preguntan qué podemos hacer nosotros hombres en el vasto mundo), sino una serie de certezas que nos permiten actuar en nuestra vida cotidiana. Certezas que se van construyendo día a día, gracias a valores, instituciones, a la misma interacción con las demás personas.
El problema se acentúa aún más cuando nos encontramos en lo que algunos han llamado encaprichadamente la posmodernidad, una época en la que todo se disuelve: las instituciones, los valores, la familia, la religión. La multiculturalidad y el relativismo dan paso a que cualquier cosa sea válida, a que todos tengamos razón mientras le demos sentido subjetivo: ¿Entonces, qué es válido ahora?
Buscamos el sentido en la vida, el que tal vez nunca encontraremos; buscamos certezas efímeras que nos permiten seguir despertándonos todos los días, bañarnos, tomar la primera taza de café, vestirnos, salir a la escuela, tomar el mismo camino de siempre, tomar clases, regresar a casa, hacer la tarea, salir el fin de semana, étc, étc. Acontecimientos que tomamos como dados, no los ponémos en duda, sino que los seguimos de una manera casi mecánica. Este tipo de conocimiento, el de la vida cotidiana, nos hace estar seguros de por lo menos ciertas cosas inamovibles dentro de cualquier día de nuestra vida.
Pero hay preguntas más generales, sobre nuestro sentido en la vida, sobre nuestra "misión", sobre nuestro "destino". Nos creamos ideas religiosas o místicas a cerca de por ´qué vivimos, a cerca de cuál es nuestro lugar en el mundo. Son ideas que nos permiten seguir adelante, el pensar que tenemos un destino predeterminado, que sólo lo tenemos que esperar y llegará algún día. Creamos certezas a partir de planes tan ambigüos que creamos para nuestro futuro, esperando que algún día se realicen. De no ser así, llega la angustia, llega la depresión, la frustración (una palabra más adecuada).
Nadie nunca podrá responder a estas preguntas generales, ya que de acuerdo a todo lo mencionado anteriormente nos creamos una visión de lo que es nuestra vida, sin pensar nunca en que las cosas no saldrán como las hemos pensado.
Por ello afirmo que creamos, mediante nuestro horizonte de posibilidades, lo que hemos de hacer en nuestro tiempo en la tierra. Nunca sabremos qué es lo que nos depara el futuro, sino que estamos determinados por esas pequeñas certezas que tenemos. De acuerdo a ello vivimos, actuamos.
La respuesta no ha llegado, aún después de haber reflexionado una y otra vez la pregunta. Lo mejor que pudimos pensar fue el cómo crear pequeñas y efímeras certezas que nos ayudan a vivir. No pensemos en el sentido en general de la vida, ya que de lo contrario nos encontraremos en callejones sin salida y más allá, con la frustración; y ello al final nos llevaría al no actuar, a problematizar cada detalle de nuestra vida y no hacerlo nunca. El tomar una taza de café se volvería problemático al preguntarnos:
¿Por qué tomo ésta taza de café diariamente?

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