avril 12, 2008

Afectividad en la ciudad...?

Ayer, recordé por qué hago mi tesis e incluso por qué estudio lo que estudio.
Tomé como siempre un autobús hacia mi casa, intentando soportar el calor que caía en el único lugar disponible que pude encontrar.
Iba pensando en una idea de un autor de los muchos de los que uso para mi tesis, Walter Benjamin, que habla acerca de las relaciones sociales (en un capítulo dentro de El libro de los pasajes) dentro de una situación específica que empezó a darse en el siglo XIX, en Francia. La idea es muy simple, que el transporte público posibilitó que las personas estuvieran en un espacio determinado durante mucho tiempo sin tener que hablarse (tragedia o síntoma aún del tiempo actual).

Entonces cayó ahí la epifanía de la urbe: la situación como el principal elemento de construcción de esas relaciones sociales. Más allá de lo que iba viviendo dentro del autobús, lo que me llamó la atención fue un hecho bastante significativo.

El autobús en el que viajaba paró en un alto, dónde algunas personas comenzaron a subir y otras a bajar. La parada está situada en División del Norte, por una calle que entra al museo Diego Rivera, creo. Ahí, en el camellón, estaba acostado un vago encima de algunos cartones, un vago promedio como cualquiera de los que encontramos en la ciudad. Lo importante viene a continuación.
El vago, despertó por la razón que haya despertado, sin embargo despertó balanceandose torpemente seguramente por el efecto de alguna droga. De pronto, cuando estaba levantándose, me di cuenta que había un bulto extraño justo en el lugar dónde estaba acostado. Primero pensé que era algún pedazo de ropa, pero cuando me fije mejor, delineé los contornos y me di cuenta que era una figura animal.
En ese instánte en el que intentas enfocar la vista y fijar mejor el objeto que estás observando, el vago simultáneamente se iba dando cuenta del animal en cuestión. Él comenzó a moverlo a jalarlo desde debajo de su rodilla para verlo mejor.
Cuando por fin salió toda la silueta del animal, me di cuenta de que era un gato pequeño, no bebé, pero tampoco adulto.
Al mismo tiempo el vago y yo nos empezamos a dar cuenta de que el gato estaba muerto, sólo que yo al principio con un poco de hastío y el con muchísima tristeza, tanto que en lo único que pudo pensar (o de la manera que reaccionó) fue echarse todo lo que le quedaba de algún solvente en la mano y aspirarlo hasta perderse en una profunda ensoñación y baba que lo hiceran olvidarse de la pérdida de lo que pensé era su amigo.

Aqui, volver a la reflexión que hacía al principio es muy importante, o es lo que quiero dejar sentado dentro de este texto. En primer lugar, más allá de el anonimato que podamos tener con el otro en la ciudad dentro de nuestra vida diaria, dejando las relaciones afectivas detrás (no saludar a nadie, pasar corriendo, hacer como que no vimos a alguien, etc), se encuentra el hecho de que el vago es un ejemplo radicalizado de la cortéz indiferencia (Goffman), es decir, las personas que estabamos dentro del autobús e incluso las que estaban muy cercanas a él, hacen como que el anómico (o sea el vago, porque no está incluido dentro de la dinámica urbana, ya que es "disfuncional") no existiera, en aras de mantener la escena social de pie, de que no se rompa la interacción debido a una tensión que podría ser causada por el "darnos cuenta de que el vago existe".
Así, todo mundo (yo también en algún momento) volteamos la cara y juntamos la entreceja para hacer notar nuestro desprecio por este tipo de cosas, pero en realidad lo que está en juego más allá de la manutención de la representación de la escena social es el no dar cuenta del GRAN significado que el vago le da a un pequeño animal dentro de su mundo de vida, ya que cuando todos los demás, y esto es una suposición, te ignoran y te dejan a un lado, encuentras otro tipo de relaciones, incluso con los animales (como los miles de ejemplos en la calle de vagos rodeados de varios perros) para poder sobrellevar la vida. Esto es lo que no tomamos en cuenta.

Aqui, es necesario poner en claro que no estoy tratando de hacer una reivindicación a los excluídos, sino simplemente poner un ejemplo, exagerado, de cómo las relaciones dentro de la ciudad se han desligado por un tipo de relaciones más utilitarias, pero como veía Simmel, dentro de la misma ciudad, se constituye al mismo tiempo la posibilidad de construir otro tipo de relaciones, que si no sea una regresion a un estadio anterior al "capitalista", si sea un desarrollo diferente y no cada vez hacia una sociedad "burocratizada" y racional, en el sentido de "el otro en la calle es un medio para conseguir un fin determinado".


La conclusión del día fue la siguiente: que la tesis que estoy haciendo tiene implicaciones personales en cómo concibo las relaciones de la ciudad, con un cierto tinte de nostalgia o reivindicación (en realidad no podría ser nostalgia, porque nunca lo viví, pero igual, que se entienda) de las relaciones sociales afectivas o más cercanas (cara a cara) sobre las anónimas; dentro de la brutal vorágine de la ciudad que como respuesta tienen el ensimismamiento de las personas en lo que Goffman llamó la cortés indiferencia (en La presentación de la persona) y que Simmel ya veía cómo un síntoma de las ciudades modernas. Es decir, un sistema de protección frente al entorno que nos permite conservar nuestra individualidad en contra de la avasalladora realidad urbana.
Por ello, mi la hpótesis central de mi tesis es que podemos construir un significado específico de acuerdo a las relaciones que llevamos a cabbo dentro del sistema urbano y no sólo un significado racional y utilitario.
Nace de una preocupación del ver que no nos vemos los unos a los otros, incluso aunque estemos en el mismo espacio por grandes cantidades de tiempo, la ciudad es el ejemplo más avasallador de todos.