septembre 25, 2006

La ciudad de la eterna esperanza

Una vez más nos enfrentamos al inminente tráfico de la Ciudad de la Esperanza (sic!). Salimos aproximadamente a las 7:30 am, cuando pensamos que fue una mala idea detenernos en el comedor a desayunar, mientras oíamos helicópteros y claxons sonar sin orden aparente.
La explicación multicausal nos habla de dos factores causales del anómico ( o normal?) tráfico en nuestra hermosa ciudad: el uno, las ya no tan criticadas obras públicas del gobierno del D.F. Que aqui no criticamos, más si es evidente que son un factor para el caos dentro de la ciudad.
Hablamos en este recuento de un lugar enclavado al sureste de la ciudad, en la delegación Iztapalapa, donde el conflicto descrito aqui tiene lugar específicamente en la Av. Tláhuac y Sta. Anna, donde podemos pasar hasta 40 minutos encerrados dentro del insoportable chaleur del transporte público.
Sumándose a ésta causa burocrática, encontramos inmerso el problema de la incapacidad delegacional para satisfacer la necesidad de abrir más vías altenras o guiar rutas a los cívicos ciudadanos. De esto se desprende la segunda causa por la cual nos encontramos atrapados en un mar de autos: la cuestión de la responsablididad cívica o cultura de la persona al volante, quien en un mundo ideal respetaría reglas implícitas al momento de manejar un auto:


  1. Uno a uno pasamos más rápido.
  2. Si ves un accidente: no te detengas! Recuerda que hay decenas de automóviles esperando avanzar detrás de ti.
  3. al enfrentarse a un semáforo, recordaro lo que representa cada lucesita: verde-sigue, amarillo-¡atención! debes bajar la velocidad y el más importante el rojo-¡Alto! (recordemos que la expresión en francés broule le feu rouge se refiere a quemarnos con la luz roja, o sea, que si cruzas cuando aquella luz está encendida, es probable que algo malo pase).
Por otro lado, recordemos que seguramente si atentamos contra un símbolo, representado en el semáforo, algo pasará en nuestra contra. En este caso, seguramente ocasionaremos un embotellamiento.
Siguiendo éstas tres simples reglas, podemos construir dentro del imaginario colectivo la idea de un orden cívico automovilístico, permitiendo que lleguemos a tiempo a nuestro ansiado destino, en lugar de llegar una hora tarde, a pesar de que tomamos precauciones saliendo de nuestro hogar dos horas antes (ja! y pensabamos que llegaríamos temprano, con el tiempo suficiente de tomar un café antes de nuestra primera clase).
Conservemos el lema acuñado por el PRD: La ciudad de la Esperanza, ya que en eso nos encontramos, enfrentando los problemas de una de las ciudades más grandes del mundo, teniendo la ESPERANZA de que todo cambie.